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Se ha retratado a sí mismo y a su talante conciliador, exterminando de las listas de su partido a todo aquel que se le ocurrió llevarle la contraria.


Tomás no cree en la libre elección de centro de los padres, sino en el adoctrinamiento. Nosotros sumamos no excluimos.


Quiere que el patrimonio de todos sea dilapidado con malas ideas en vez de aumentado con una gestión eficiente.


Cuando Tomás habla de cambio, solo una idea le ronda la cabeza, traernos las políticas de Zapatero. Porque Tomás, que no soporta a Zapatero, como Zapatero no soporta a Tomás, quiere para Madrid lo que Zapatero ha traído al conjunto de la nación. Cuando oímos eso, suponemos que se refiere a crispación social, paro, ruina, corrupción y sed de venganza.

Suponemos que si Tomás llegara al Gobierno de la Comunidad de Madrid, haría como ha hecho en su partido tras las primarias. Se vengaría de todo aquel que no comulgue con su rancio socialismo, y condenaría a los que no le votaron. Les condenaría a no tener derecho a sanidad, educación o a cualquier servicio esencial.

¿Cómo no hacer lo que ha hecho en su partido tras las primarias si llegara a gobernar? Se ha retratado a sí mismo y a su talante conciliador, exterminando de las listas de su partido a todo aquel que se le ocurrió llevarle la contraria. Efectivamente, se parece mucho a Zapatero, es la misma política de división y enfrentamiento.

Cuando salió el ranking de colegios de la Comunidad de Madrid, en nuestro distrito, los dos primeros fueron dos colegios públicos. Es algo de lo que nosotros nos congratulamos, entre otras cosas porque ese resultado es fruto de la política educativa del Partido Popular. Para Tomás, eso demuestra que solo los colegios públicos funcionan (porque según ellos son suyos, no de todos) y los colegios concertados o privados son una muestra de decadencia y fracaso. Tomás no cree en la libre elección de centro educativo de los padres, sino en el adoctrinamiento. Nosotros sumamos no excluimos.

Cuando un madrileño va a un hospital que tiene al lado de su casa y se le atiende y además puede elegir al especialista que quiera esté o no cerca de su casa, Tomás dice que es un truco para hacer rico a unos pocos. Tomás quiere que los médicos malos sean premiados y además que la gente tenga la obligación de que no se la cure. Tomás quiere hospitales masificados en vez de hospitales nuevos.

Tomás dice que Caja Madrid o el Canal de Isabel II pertenecen a los ciudadanos, algo que todos sabemos. Pero para Tomás eso significa que las empresas públicas debe manejarlas gente inexperta. Quiere que el patrimonio de todos sea dilapidado con malas ideas en vez de aumentado con una gestión eficiente.

Tomás no quiere que gobierne un partido enfrentado. Suponemos que se referirá al suyo, donde las voces discordantes del "tomasismo" han sido acalladas y donde los candidatos de una y otra ala no se hablan.

Tomás quiere una relación de igualdad entre políticos y ciudadanos. Algo que ya ocurre, aunque suponemos que para él eso significa seguir utilizando el garaje oficial de la policía local de Parla.

Tomás quiere el cambio. Un cambio según él demandado más y más por la sociedad madrileña. Un cambio necesario. Pero cuando le preguntan en qué consiste el cambio no sabe qué decir. Tomás no puede decir que quiere construir más escuelas infantiles, más colegios, más hospitales, más servicios sociales, más atención a las familias, más ayudas a los jóvenes para acceder a la vivienda, prestar servicios públicos de calidad. No puede decirlo porque ese es el programa político hecho realidad por el Partido Popular de Madrid.


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