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Un programa ambicioso que ofrecer a los ciudadanos.


El Partido Popular ha celebrado en Sevilla su Convención Nacional, y lo hace con el respaldo de las encuestas que dan por hecho una victoria segura en las próximas elecciones autonómicas y municipales, y de forma tan apabullante que casi no va a tener más remedio Zapatero que convocar las elecciones generales al día siguiente. También es verdad que cada vez más, y con mayor intensidad, la gente necesita que se produzca un cambio, porque la inmensa mayoría está cansada del actual Gobierno y, sobre todo, de su presidente, y del modo en que han gestionado los problemas del país, que son muchos y muy graves, cuando no han sido los causantes de los mismos. Se necesita un cambio. Y también es urgente, prioritario, que se produzca un relevo que permita que el país recupere la confianza y las expectativas, y que el nuevo Gobierno afronte el conjunto de reformas necesarias para volver a situarnos entre los países más fuertes, tanto desde el punto de vista económico como político. Pero sería un error que el Partido Popular se confiase ahora, cuando está a punto de finalizar la travesía del desierto de estos últimos casi siete años y cuando España necesita al PP más que nunca. El presidente Mariano Rajoy, tiene, ahora que pedirnos a todos, trabajo, eficacia, unidad y sobre todo que no nos abandonemos y nos confiemos en la supuesta situación de ventaja en la que nos encontramos. En política, cinco meses son una eternidad, puede pasar de todo, y sino recordemos el fatídico 11-M.

Si ahora mismo hay un político preparado para sacar al país del agujero de las tres crisis, éste solo puede ser Mariano Rajoy. Y a diferencia de Zapatero, de no nombrar siempre a los mejores, sino a aquellos a los que él podía manejar, Mariano Rajoy tiene un gran equipo, y seguramente a una llamada suya acudan muchos del sector privado dispuestos a remangarse las mangas y ponerse manos a la obra para sacar al país adelante y situarlo nuevamente donde se merece.

Lo que este fin de semana se ha visualizado en Sevilla es lo que mucha gente venía pidiéndole al PP y a Rajoy desde hace tiempo: demostrar que somos la alternativa y, hoy por hoy, la única opción capaz de sacarnos del agujero en el que nos encontramos. De alguna manera, el líder del PP se ha quitado el traje de oposición y se ha puesto ya el de candidato a la Presidencia del Gobierno, y para eso ha empezado con un programa ambicioso que ofrecer a los ciudadanos. Un programa que, tal y como está este país, no se limita sólo a la cuestión económica, que sin duda es lo que más preocupa a los ciudadanos, sino al conjunto de reformas que van a hacer de su Gobierno el que lleve a cabo esa regeneración democrática que tanta falta nos hace.

Porque los problemas gordos de este país nos tienen lógicamente tapados los ojos, pero es que la economía, el problema social y el drama político que vivimos, no son, por desgracia, las únicas consecuencias de una nefasta gestión. Detrás de ellos hay un día a día que está dejando a España con diez años de retraso respecto a nuestros vecinos de Europa, tiempo que ya no es recuperable y que volver a ponernos a la altura de las grandes potencias es una especie de misión imposible. Y pongo un ejemplo de las mil y una cosa mal hechas de todas las que podría señalar: véase la situación de la N-1, de Madrid a Burgos, lleva en obras más de cuatro años, y hay todavía, más tramos que te obligan a ir a 60 y 80 km/h. por obras, que a los 120 km/h a los que nos permiten conducir. éste es un claro ejemplo de cómo está todo y este caso es extrapolable a todos los ámbitos de la economía y de la sociedad, desde que es gestionada por los socialistas.

Ahora lo que se comenta, en el ámbito empresarial, es la OPA que la canciller alemana, ángela Merkel, ha lanzado sobre nuestros profesionales mejor preparados para llevárselos a trabajar a Alemania. Y cuenta, la canciller, con el convencimiento de nuestros jóvenes profesionales de que es lo mejor para su futuro. Las condiciones, además, no pueden ser mejores, según dicen: buen sueldo, mejor trato, y los alemanes sólo valoran la experiencia profesional porque el idioma dan por supuesto que se va a aprender más pronto que tarde.

Un país así es un país moralmente hundido, anímicamente derrotado… Es nuestro país, y hemos dejado, hemos permitido, que se fuera desmoronando lentamente sin poner remedio para evitarlo.

Sin embargo, estamos a tiempo. No todo está perdido, fue lo que vino a decir ayer nuestro presidente, Mariano Rajoy, como culminación a tres días en los que el PP ha dado vueltas sobre lo que es posible hacer para recuperar la confianza. "Vamos a recibir la peor herencia institucional, económica y social que haya recibido un gobierno democrático en España. No será fácil porque se nos endosa una hipoteca de muchos años", dijo nuestro presidente.

Pero se puede. Se puede si el esfuerzo es conjunto y todo el país se pone manos a la obra. Para eso es necesario, por supuesto, liderazgo, y en mi opinión ayer, el presidente de nuestro partido, Mariano Rajoy, demostró que es capaz de asumir ese reto, aunque haya todavía quien no crea en sus cualidades, pero siempre se ha dicho que tiene madera dialogante y eso es lo que más falta va a hacer en los próximos años. Porque, sin duda alguna, lo que ayer dejó claro Rajoy es que para lograrlo hace falta el concurso de todos, dejando ideologías y discrepancias políticas a un lado.

España no puede permitirse ni un día más que el Partido Socialista siga gobernando. Y el próximo mes de mayo tenemos todos, la oportunidad de decir en las urnas: ¡Zapatero, basta ya...!


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