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Elena González-Moñux
Madrid, 3 de diciembre de 2012

También, coincidiendo con este mes -y paso a comentar brevemente la situación política actual- hemos cumplido un año desde que el Gobierno del PP, que lidera nuestro presidente Mariano Rajoy, llegase al gobierno con mayoría absoluta. Rajoy es, de hecho, el presidente de Gobierno con más poder de la Democracia, si tenemos en cuenta no solo Congreso y Senado, también comunidades autónomas y ayuntamientos. Es pues, el presidente en el que la gran mayoría de los españoles puso sus esperanzas para salir de la peor crisis económica de las últimas décadas.

Por ahora no volverán los años 2002 al 2007, en los que España creó empleo, trabajo, demandaba crédito y nos lo daban... La cuestión es que desde 2005 al año 2011 nos hemos gastado al año unos 90.000 millones de euros más de los que ingresábamos, y hay que devolver todo el trabajo y los rendimientos del trabajo de todos los españoles durante un año, para pagar nuestras deudas. Y esta desgraciada herencia, del desaparecido Zapatero, por más que nuestro presidente quiera, no se la puede quitar de encima de la noche a la mañana.

Fueron los años de la calamidad, años nefastos, años de los Planes E sin dinero y sin sentido, de regalar bombillas, de los 400 euros para el consumo, del cheque bebé. Son los años en los que te pagaban la "renta de emancipación" para irte de casa de tus padres a costa de los impuestos de los demás. Son los años de Solbes y Rubalcaba, explicando que había que gastar, los años de Salgado al frente de Economía -que no entendía nada-, los años de MAFO al frente del Banco de España, firmando indemnizaciones multimillonarias para los gestores de cajas a los que sencillamente no controló ni supervisó en una dejación sin igual de las funciones de gobernador del Banco de España. En vez de hacer reformas, tiramos de tarjeta de crédito. Ahora toca devolver el préstamo.

También dicen que Mariano Rajoy tiene un problema de comunicación, pero, yo creo, que el problema es que no hay nadie que comunique bien una mala noticia. Y, en España, todas son malas noticias.

No queremos ver a gente desahuciada y queremos tener el mejor sistema judicial del mundo. Queremos un sistema en el que la justicia, además de justa sea rápida, pero claro, no hay jueces para tantos pleitos, ni dinero para darles medios, ni siquiera dinero para que tengan salarios merecidos. ¡¡Y difícilmente en un año esto se puede arreglar...!!

Queremos la mejor sanidad gratuita del mundo. Sí. Pero nos han dejado sin dinero para mantener todos los hospitales que tenemos abiertos, con todas las especialidades existentes. ¡¡No tenemos ni dinero, ni enfermos, pero exigimos tener el hospital al lado de casa...!!

Resulta que queremos tener una universidad gratis, cuando a nadie le ha preocupado que haya una universidad en cada capital de provincia, muchas medio vacías, y que ninguna de ellas esté entre las mejores del mundo. Llamativo, después de haber invertido miles de millones de euros en los últimos años en universidades. Y luego se permite el PSOE encabezar manifestaciones en contra de los recortes en cultura y de las nuevas tasas universitarias.

Todos critican sin medida las numerosas televisiones autonómicas que tenemos en España, por las perdidas tan tremendas que acumulan, pero luego nos llevamos las manos a la cabeza y recriminamos, sin razón, los recortes que, por ejemplo, se quieren hacer en Tele Madrid.

Es muy complicado comunicar bien la miseria y gobernar con ella. Yo no conozco a nadie capaz de hacerlo

España necesita menos independentistas y más españoles de pro; menos presidentes como Artur Mas y más presidentes como Núñez Feijoo, que el sábado prometió su cargo, por Galicia y por España.

España necesita menos profesionales del sindicalismo, convocando continuamente huelgas para justificar su privilegiada situación. La última huelga nos ha costado 2.000 millones de euros. Ellos que fueron capaces de calentar el 14-N con amenazas y presiones, también fueron capaces de despedir días antes a 646 trabajadores.

Mariano Rajoy, es un presidente acostumbrado a las críticas de los que hacen grandes análisis o realizan propuestas desde la comodidad de no tener que tomar decisiones y asumir las consecuencias. Es un político con una hoja de ruta cuyas etapas se van cumpliendo satisfactoriamente y que encontró un país sumido en una crisis más grave de lo previsto como consecuencia de los errores que cometió el Gobierno socialista. Ha sido el peor año de su carrera política, porque ha tenido que tomar decisiones muy duras para recuperar la credibilidad internacional e impedir la intervención, como les sucedió a Grecia, Irlanda o Portugal. Lo ha hecho con las críticas de los que cada semana anunciaban un rescate, que hasta el momento no ha sido necesario, la tibieza del mundo empresarial y el acoso de unos sindicatos que han querido, sin éxito, tomar las calles.

Tenemos un presidente al que no le ha importado asumir el coste de unos recortes impopulares y que tiene la firme convicción de que sólo llevando a cabo una política reformista será posible que España salga de la crisis. En estos tiempos es necesario tener las ideas claras y ser inmune a las críticas, cuando se sabe que no existe otro camino. Esta tranquilidad y firmeza es fundamental para una sociedad que necesita esperanza en el futuro.

Y antes de terminar, quiero como Viceconsejera de Justicia y Administraciones Públicas de la Comunidad de Madrid, y con el permiso de Borja, dedicarle unas palabras a nuestro nuevo Presidente, Ignacio González:

Ignacio González es un corredor de fondo, que desde que empezó, nadie le ha regalado nada. No es un hombre de extremos, ni en lo político ni en lo personal. Ni de euforias ni depresiones. Y lo está demostrando. Apenas hemos notado el cambio y si algo ha habido ha sido para bien. Es un hombre seguro, tranquilo y esperanzado en el futuro, porque, tal como ha explicado varias veces, las perspectivas de la Comunidad de Madrid han mejorado y van por delante del resto de Comunidades. Millones de españoles sufren la mayor crisis económica desde la que se vivió en la posguerra, pero el futuro en Madrid no es tan sombrío como hace unos meses. Prueba de ello es que junto con Galicia, Madrid ha renunciado a las ayudas autonómicas del Gobierno.


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