volver al índice


Javier Torres Negro
Afiliado del PP de Fuencarral - El Pardo
2 de octubre de 2011


Son muchas las medias verdades que circulan alrededor de este importante asunto. Además, este tema se usa, con frecuencia, para intoxicar, "desinformativamente" hablando, a la opinión pública.

Es una inmensa falsedad afirmar que el Partido Popular ha querido y quiera desmantelar el Estado del bienestar. En nuestros años de gobierno en los diferentes escalones de las Administraciones públicas, hemos demostrado que, con nuestras políticas de preservación, intentamos conservar un Estado del bienestar equilibrado, razonable y, sobre todo, sostenible en el tiempo. Quizá el mayor atentado contra este importante asunto sea ser irracionalmente maximalista y agotarlo hasta dejarlo seco, como ha ocurrido en los dos periodos de gobiernos socialistas que hemos tenido en España desde la recuperación de la democracia en el último cuarto del siglo XX.

El déficit público sistemático es el mayor "vampiro" que puede tener el Estado del bienestar, pues arrebata parte de los recursos de los españoles para pagar lo que llamamos en economía "el servicio de la deuda". Es mucho más "vampirizador", si cabe, en situaciones como las que nos afectan desde hace 18-24 meses, donde la falta de credibilidad y de coherencia en diferentes aspectos de la política económica (y de otros aspectos de la política nacional, como la de cohesión territorial, la de unidad de mercado, etc.) han propiciado un alarmante incremento del "riesgo país" y, por ende, del "spread" de la deuda. Lo que, comúnmente, se llama "prima de riesgo".

Si nuestras administraciones públicas tuviesen unas cuentas equilibradas, muchas partidas que hoy se recortan dolorosa y necesariamente, podrían ser preservadas y los ciudadanos podrían recibir servicios más completos.

Es una absoluta necesidad la lucha contra este desequilibrio que llamamos déficit público. Desde el punto de vista técnico a muchos no nos cabe la menor de las dudas.

El déficit público origina muchos problemas que podríamos, fácilmente, enumerar. Una de las muchas consecuencias perversas es el llamado efecto expulsión o "Crowding out". Efectivamente, los recursos que se necesitan para financiar este déficit no afluyen al sector privado y muchas actividades que podrían realizar agentes económicos privados son realizadas por agentes públicos. Agentes, estos últimos que, hasta la llegada de una posible reforma en profundidad del sector público, trabajan con unos criterios de eficiencia y productividad muy lejanos de los que se viven en el mundo de la empresa privada, lo que tiende a hacer a la sociedad mucho más ineficiente y, dado el entorno de economía global en el que nos movemos, le haría entrar en postración comparativa con las economías de nuestro entorno. Los españoles, en suma, a pasos agigantados, cada día seríamos más pobres.

La economía de un país o una región presenta algunos paralelismos con la economía de una familia o una empresa. ¿A alguien se le ha ocurrido razonable vivir en una familia o una empresa, a perpetuidad, a préstamo?. El déficit público sistemático debería estar prohibido. Solo se debería admitir el coyuntural unido, necesariamente, a una estrategia de saneamiento. De hecho, en épocas de bonanza debería ser obligatorio generar superávit en alguna de sus formas (por ejemplo, con un aumento de las reservas de oro) no colisionantes con el sano funcionamiento del sector privado.

Desde luego cabe decir que es una auténtica canallada (amén de una estafa y un engaño a escala universal) culpar de lo que ahora estamos viviendo a quienes pretenden sanar al enfermo. La "cirugía económica" es imprescindible y vital para preservar la vida de esta nación y de esta sociedad que conocemos. Los culpables no son los gobiernos que se ven obligados, en la integridad de sus comportamientos políticos, a sanear las cuentas públicas, son los que gastaron sin criterio, y sin inteligencia, de forma suicida.

Por dos veces el PSOE ha arruinado España y a los españoles. A Aznar le tocó levantar el país en la década de los noventa del pasado siglo. Es falaz pensar que estos saneamientos "salen gratis". En aquella época hubo, necesariamente, que enajenar bienes públicos para recortar el déficit. Bienes que eran absolutamente necesarios para el recorte de aquel. Ahora, por la nefasta gestión de los gobiernos de Felipe González, quedan pocos bienes públicos para enajenar lo que significa que las restricciones sobre las diferentes partidas de gasto no podrán ser tan leves como podrían serlo de conservar aquello que se tuvo que vender en su día.

Desde luego, muchos pensamos que la victoria del PP por una mayoría suficiente es un auténtico asunto de importancia estratégica para España y los españoles. De esa forma tendremos garantía de que los ajustes de las cuentas públicas se harán con criterios selectivos de interés público, retocando más aquellas partidas donde duela menos a la mayoría del conjunto de los ciudadanos. Será un ajuste diseñado por españoles desde los intereses de España. Si gana el partido socialista, tengamos todos por absolutamente seguro una intervención "a la griega", ya que, en el exterior, los señores Zapatero y Rubalcaba no tienen la menor credibilidad, es más, asustan. Si no se ha decidido todavía una intervención abierta y decidida sobre España es por dos motivos, primero por su tamaño y segundo por que se descuenta un cambio de política económica a raíz del 20 N. Es preferible, para las instancias internacionales, esperar a que los españoles, cabalmente dirigidos por las estrategias del PP a este respecto, resolvamos el problema, que abordar una incómoda intervención. No obstante, si ganase el PSOE las elecciones, este escenario sería prácticamente seguro. Entonces, en este desgraciado supuesto, asistiríamos a una impuesta bajada del sueldo de los funcionarios del orden de un 15-20 %, a un recorte de las pensiones de no menos de un 10 % y a una extrema degradación de todos los servicios públicos.

Yo pregunto a todos y cada uno de los españoles: ¿Qué quiere usted para si mismo y para su país?. La solución, amigo mío, está en su mano el día 20 de Noviembre.


volver al índice