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Elena González Moñux
Presidenta del PP de Fuencarral - El Pardo



Una de las características que hacen más interesantes a los socialistas de cara a su electorado, y peligrosas para el resto, es su capacidad de disimulo, de desvirtuar la realidad, de mentir. Es verdad que se trata de una amenaza que pende siempre sobre las relaciones humanas que, a medida que se cuentan muchas veces y lo cuentan varios, tienden a consagrar un ambiente de confianza, de sinceridad, una atmósfera que, como todos sabemos, los socialistas son especialistas en mantener. En los tres últimos años la mentira y la confusión han sido la base del mantenimiento de la política socialista.

Este verano está siendo un vivero inagotable de mentiras de primer orden, de aquellas que casi no evitan el parecerlo. Por ejemplo, todo el proceso desencadenado en Madrid para desmontar a Tomás Gómez, puede considerarse como un legítimo intento de presentar un rival de fuste a la presidenta Aguirre, pero se ha ofrecido como prueba de vitalidad del socialismo madrileño, como garantía de democracia interna, hasta el punto de que Trinidad Jiménez haya dicho, sin inmutarse, que Zapatero no había tenido nada que ver con todo esto, que su candidatura responde a un largo proceso de maduración y debate en el seno del partido, y nosotros sin enterarnos. Trini lleva un largo proceso de aprendizaje, después de varios años al favor de la propaganda socialista. Y si no recordemos sus servicios en Sanidad. Vacuna Jiménez no tuvo el más mínimo reparo en exagerar la importancia de la gripe A, con el único propósito de hacer más relevante el cargo que desempeñaba en un ministerio que prácticamente no tiene competencias. Por esto, la impresionante campaña de vacunación que concibió ha sido seguramente la más cara y más necia de las últimas campañas de imagen y marqueting socialistas.

Si lo pensásemos bien, deberíamos estar profundamente irritados, y yo particularmente lo estoy, ante tanta evidencia de que los políticos socialistas nos toman por tontos, de manera que debe haber una explicación para tanta complacencia boba con mentiras tan de bulto como las de Vacuna Jiménez. Los socialistas no mentirían si no les resultase conveniente, si no supiesen que siguen existiendo un número suficiente de personas que necesitan creerlos. En este caso los ocho millones de votos incondicionales. Se trata, pues, de una candidez interesada y fingida, que funciona aunque esos creyentes sepan, y lo saben con frecuencia, que la mentira es ya tan evidente que hasta los más fanáticos seguidores dudan.

José Blanco, es otro de los especialistas en la mentira política, sobre todo cuando se pone el traje de secretario de organización, y este verano lo está demostrando con creces. Sabe que con la mentira piadosa se pone por encima del bien y del mal. Blanco con ella sabe perfectamente discriminar a quién le interesa. La tolerancia de los ciudadanos hace que piense que es una forma muy airosa de salir al paso y que en política no se cumple aquello de que se atrapa antes a un mentiroso que a un cojo. Prudencia elemental es lo que debe pensar Blanco cuando da las ruedas de prensa. Hace unos días amenaza como Ministro de Fomento, no sabemos por qué, con una nueva subida de impuestos y, de paso, echa toda la culpa del problema de Ceuta y Melilla a Aznar por su visita como "una muestra de deslealtad a España", porque "no ayuda" a apaciguar las tensiones.

Es la primera vez que a un Ministro de Fomento se le permite hablar de economía y de sus consecuencias más inmediatas -¿estaba preparando el terreno para un hipotético nuevo incremento de impuestos de ZP?- pero como no podía ser menos apoyándose en la mentira y en la confusión, indicando que "España tenía una presión fiscal muy inferior al resto de los países de la Unión Europea y que si los españoles quieren servicios de primera, tendrían que tener impuestos homologables a Europa". Y a los dos días no solo Salgado desautoriza la subida sugerida por Blanco, si no que todos los medios económicos le desmienten recordándole que "los españoles pagan más por IRPF y por Sociedades que la mayoría de los europeos". Y no solo eso, sino que en esos dos días, la Ministra asegura, en contra de lo que decía su compañero de Fomento, que "la base de ingresos es más que suficiente para lograr el objetivo del déficit". Eso sí, no podía faltar el guiño a los progresistas con la frase: "salvo el retoque a las rentas más altas" ¡Esto solo pasa en el gobierno de Zapatero!

Y volviendo a las críticas de Blanco contra Aznar. ¡Es cómo si Aznar no pudiese visitar una ciudad española! El problema surgió a principios de mes y hasta el día 23 de agosto que apareció Rubalcaba, ni la ministra de igualdad y ni por supuesto Zapatero habían dicho nada. Por lo que nos da la impresión de que el Gobierno está a por uvas, como se dice vulgarmente, lo cual no es extraño: ¿cómo va a defender la integridad de nuestro territorio quien no cree en él? Desde el principio de su Gobierno, incluso desde antes de llegar al poder, toda la estrategia política de Rodríguez Zapatero se ha sustentado en un arriesgado cálculo electoral que le llevaba a cuestionar la idea misma de la Nación española y a renegar de los principios que hicieron posible la Transición española. Eso, al final, tiene consecuencia tanto dentro como fuera de nuestras fronteras ay nos ha llevado a mostrar una debilidad que el reino Alauita aprovecha sin contemplaciones.

¡Y Rubalcaba! que aumentó su bien merecida fama el día que, en plena jornada de reflexión, aseguró que merecíamos un Gobierno que no mintiese. Rubalcaba no estaba dando una lección de ética, sino que le convenía llamar mentiroso al PP para derrotarle con mayor facilidad, y no hubo más. Como Rubalcaba, José Blanco, Rodríguez Zapatero, etc..., los políticos socialistas mentirán mientras calculen que la mentira es rentable y que todavía les queda algún crédito para emplearla a fondo. Eso es todo.

Y lo malo de todo esto es que tantas mentiras y tantas veces repetidas, como por ejemplo que la recuperación económica de nuestro país ya empieza a arreglarse, que hasta ZP se lo cree y peligrosamente está nuevamente eufórico. El político que hace unas semanas estuvo en un tris de acabar de forma irracional con la Unión Europea a causa de la crisis de deuda española que se hubiera llevado por delante el sistema financiero del continente, cree hoy que la tormenta ha pasado, que lo peor de la crisis está superado, que la prima de riesgo va a seguir bajando y que a finales de año vamos a estar creciendo ya de forma imparable. ¡Esto ya es una fiesta! "Estamos mucho mejor de lo que parece y lo vais a vivir". El estudiante incapaz de aprobar en junio, tres años repitiendo curso, ha descubierto regocijado los mecanismos por los que se rige la prima de riesgo de un país, y como el experto en economía más pretendido se dedica ahora a hacer pronósticos a trote y moche, porque "la prima va a seguir cayendo, lo vais a ver".


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