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Se acerca el PP al ecuador de la legislatura habiendo sobrepasado tantos temas candentes que resulta difícil encontrar un solo argumento o compromiso electoral que no haya sufrido el acoso directo de la herencia recibida.

Han pasado casi dos años y todavía estamos soportando las consecuencias de la administración heredada, tanto en el ámbito económico como político y social.

Nuestro programa electoral era claro y conciso, pero que duda cabe que estaba pensado para otras circunstancias muy diferentes de las que se encontraron: no se subirían los impuestos; no se tocarían las pensiones; se tenía claro como se iba a recortar la deuda pública; no se cuestionaría la indisoluble unidad de la Nación y un largo etcétera.

¿Qué ha sido de todas esas propuestas? La sensación es que se cumplen muy lentamente, cuando a veces, como reconoce el Presidente Mariano Rajoy, se toman aún no gustando. Una tras otra han ido claudicando ante la coyuntura, desazón y, por qué no decirlo, ante el acoso y derribo de una izquierda arrogante y orgullosa, que es incapaz de reconocer sus propios errores para intentar demoler, al precio que sea, da lo mismo si nuestra unidad se rompe o nuestra economía se cae, al partido popular.

Incapaces de ir juntos ante Europa, miedosos de acompañarnos en manifestaciones como la del 12-O de Barcelona o la de las victimas del terrorismo en Madrid, cobardes por defender situaciones como el acoso a la juez de Sevilla. Y así, igualmente, otro muy largo etcétera.

Es verdad que se nos acusa de que las pensiones pierden poder adquisitivo, mientras la hucha acumulada en tiempos de bonanza mengua a marchas forzadas. Es verdad, como dice nuestro Presidente, Mariano Rajoy, que no hay que descansar ni un minuto mientras los parados se cuenten en millones. En algunos casos, se sigue viviendo por encima de nuestras posibilidades y no hay más remedio que tomar medidas tan drásticas como el cierre de la televisión autonómica de Valencia. Las clases medias soportamos la mayor carga fiscal de nuestra historia. El crédito para las pymes y autónomos empieza a llegar, pero todavía con cuenta gotas. El adelgazamiento de las administraciones públicas es mínimo, pero aquí si que la gran culpa la tienen los sindicatos, incapaces de ver más allá de la punta de sus zapatos. Desde el nacionalismo catalán y vasco se lanzan constantes desafíos a la soberanía nacional y a la integridad territorial, deporte de moda independentista desde que abrió la veda Zapatero.

Pero sin que sirva de excusa, podría ser mucho peor. Podríamos ahora mismo estar como Grecia en el peor de los casos, o como Portugal en el mejor de ellos. Por no hablar de Italia. ¡Y sino lo estamos por algo será...! El asunto es que ahora ya por lo menos se habla de recuperación, leve, pero al fin y al cabo recuperación. Pero no lo decimos nosotros sino que se dice desde fuera. La famosa "prima de riesgo" ya no es tan de riesgo; ya ni le preguntan a nuestro presidente en las ruedas de prensa por ella, cuando hace menos de un año no había otra pregunta que hacer junto con cuándo nos iban a rescatar. Y los índices de la bolsa, siempre sinónimos de recuperación, están a la altura de hace tres años.

Es verdad que a nosotros, ciudadanos de a píe todavía no nos ha tocado. Pero, como todo ciclo, primero empieza por arriba y más tarde se refleja en la microeconomía o economía domestica. La pérdida de empleo de septiembre estaba prevista en el ministerio tras seis meses de buenos datos de contratación y reducción de paro. Sin embargo, la caída es la menor desde el arranque de la crisis, lo que, pese a la gravedad y el alcance social de este drama, mantiene intactas las esperanzas en un cambio de tendencia y, sobre todo, en la generación de nuevos puestos de trabajo, sin los cuales el despegue económico no es posible.

Los duros ajustes de Rajoy a nivel nacional, o de Ignacio González a nivel autonómico, sientan las bases para que la economía española vuelva acoger altura.

Y prueba de todo ello lo demuestra la encuesta de la Razón del pasado domingo 14 de octubre:

"Encuesta electoral NC Report: el PP aventajaría al PSOE en 8,1 puntos, aupado por la mejora de la economía, mientras los socialistas acentúan su caída y bajarían otros 2,1 puntos. Los ex votantes populares engrosan la abstención, por lo que podrían volver a elegir al partido, pero los que pierde el PSOE se decantan por IU..."

O el último barómetro publicado del CIS: "El PP remonta y amplía su ventaja sobre le PSOE en 7,2 puntos en intención de voto..."

Ahora es el momento de recuperar el caudal de ilusión depositado en nuestro partido en las pasadas elecciones. En poco más de un año el PP se jugará el futuro en las municipales y autonómicas, pasando por las europeas del próximo mes de abril. Todavía estamos a tiempo. Hay que empezar a recoger el fruto de tanto esfuerzo y sacrificio y demostrar a todos los españoles, con hechos y resultados. Y por qué ha merecido la pena.

Yo más que nunca creo que tenemos por delante un año y medio clave para nuestro futuro, para el de nuestro país y el de nuestro partido. Y solo de nosotros depende el resultado.


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