volver al índice




Alejandro Mollá Gutierrez
Afiliado del PP de Fuencarral - El Pardo
23 de enero de 2011


Napoleón Bonaparte, conocido como "le petit caporal", o "el pequeño cabo" por su escasa estatura, decía que el hombre más poderoso en toda Francia, era el Juez de Instrucción. Y desde luego, Garzón ha ejercido sus propósitos, por encima de todo, y también de la propia ley, desnaturalizando ese poder.

Este denominado "juez estrella", ha estado en primera plana mediática desde hace más de 20 años y actualmente está procesado acusado de los delitos más graves que se le pueden imputar a un Juez, véanse prevaricación (doble, por las escuchas ilegales a abogados del caso Gurtel y por investigar el franquismo), violación de garantías constitucionales (al conculcar el derecho de los acusados a comunicarse en secreto con sus letrados) y tráfico de influencias, por los pagos del Santander en relación a los cursos organizados en Nueva York.

Ahora bien, ¿es justificado realmente el mito creado por la izquierda como paladín de la lucha contra el terrorismo y el narcotráfico? Estos días, hemos asistido al lamentable y bochornoso esperpento de contemplar a algunos artistas de la ceja como Pilar Bardem, junto con miembros de la judicatura y fiscalía afines al PSOE y diputados como Gaspar Llamazares, tachar de "fascistas" a los miembros del Tribunal Supremo. Esto es sin duda un ataque frontal al Alto Tribunal y a nuestro sistema jurídico.

Es un buen momento para recordar que el "juez estrella" ha sido un político que nunca hizo política desde un partido, salvo su fulgurante paso por el PSOE del "Señor X" de su propio organigrama del GAL, ansiando el cargo de ministro de Justicia del momento (aún permanece en nuestra retina ese mitin con Felipe González levantándole el brazo cual púgil victorioso en el ring). Finalmente tuvo que conformarse con un acta de diputado del PSOE en 1993 y su nombramiento como Delegado del Plan Nacional sobre Drogas. Todo sea dicho de paso, nuestra legislación es de las pocas del mundo que permite a un Juez tras dos años, regresar de la política a la función jurisdiccional, punto a revisar sin duda en el futuro. Ya afirmó Montesquieu que la separación de poderes es la base de la democracia, y el inquieto "juez estrella" parece creer más en la confusión de poderes que en aquella.

No, Garzón, se ha dedicado durante su carrera, con muchas sombras y pocas luces (más adelante repasaremos algunas de sus proezas profesionales) a valerse de su cargo de juez , erigido en plenipotenciario dentro de la Audiencia Nacional, como medio e instrumento para "hacer" política de una forma muy sui generis y buscar tamaña influencia mediática y social.

Ahora bien, si volvemos la vista atrás sobre las actuaciones de este personaje enamorado del poder y que finalmente ha terminado a los pies de los caballos, por su desmedido afán de protagonismo, incluyendo violar derechos fundamentales de los ciudadanos, observamos que solía convocar a la prensa en los registros antes que a la propia Policía, que ordenó el asalto peliculero por miembros del GEO del buque "Privilege" en la operación "Ostra" sin hallarse ni un gramo de droga, que la judicatura española fue avergonzada al sostener el Tribunal de Estrasburgo que la "imparcialidad de Garzón estaba en entredicho cuando instruyó el caso GAL" (caso que mantuvo guardado convenientemente en un cajón dos años antes de esgrimirlo contra sus antiguos colegas de partido), o cuando apartó a la Guardia Civil, azote leal del terrorismo, del caso Faisán para facilitar que se investigasen los propios autores del "chivatazo", miembros del CNP a sí mismos- algo demencial y repugnante sin duda- y un largo etcétera. Ya ni hablar de cuando dejó en libertad por error a tres traficantes turcos que escaparon a la Justicia.

En estos días lo vemos altivo ante el Tribunal Supremo, que se vio obligado a multarle por sus duros ataques al mismo y que le ha obligado a despojarse de su toga y sentarse donde le corresponde, en el banquillo de los acusados, eso sí, ayudado por un Ministerio Fiscal que le avala en sus fechorías y una corte variopinta de la izquierda más sectaria, anacrónica y beligerante, que parecen haberle encumbrado a la categoría de leyenda. Confiamos en que Torres Dulce acabe con ese Ministerio Fiscal sectario, servil al PSOE, que ha preterido su misión de garante de la legalidad durante los últimos 8 años de desgobierno socialista.

Debemos concluir que el "juez estrella", ha perseguido la notoriedad, las portadas de los telediarios y que ha cometido errores de bulto en lo jurídico, siendo quizá el aspecto más nefasto de toda su trayectoria, el creerse tocado por los dioses, y estar por encima del bien y del mal. Su estilo maquiavélico, en el que el fin justifica los medios, no es compartido por muchos, siendo muy capaz y para ejemplo un botón, de inventarse que un abogado es "parte nuclear" de una organización criminal para "pincharle" sin miramientos las conversaciones con su defendido, tirando por tierra un pilar básico del Estado de Derecho como es el derecho a la defensa de todo ciudadano. También confiamos en que el Tribunal Supremo no se "trague" esa treta, basada en una directiva europea, que permite "pinchar" teléfonos en caso de los abogados formen parte de la organización (Garzón ha sostenido que pensaba que "blanqueaban dinero").

Y también somos muchos los españoles de bien, que estaremos más tranquilos cuando reciba su justa condena y no exista la posibilidad de caer en las fauces de un juez tristemente a olvidar. Esos que le defienden a capa y espada, desprenden ese hedor fétido característico de los amantes del totalitarismo y la negación de derechos, justificada siempre que provenga y sea ejecutada por la izquierda, faltaría más.

Esperemos que a pesar de las presiones que sufre, el Tribunal Supremo pueda y quiera cumplir con su cometido y sirva de ejemplo de igualdad ante la ley.

volver al índice