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Elena González Moñux
Presidenta del PP de Fuencarral - El Pardo
Madrid, 20 de junio de 2011.



Será difícil encontrar en el último siglo de historia de España un Gobierno más dañino para el bienestar de los ciudadanos y más lesivo para sus derechos y libertades de todos los españoles que el que hoy maneja Alfredo Pérez Rubalcaba, con Rodríguez Zapatero en la sombra.

Un desempleo nacional del 21,2%, que en el caso de los jóvenes duplica ese nivel de por sí inaceptable, ha emplazado a los ciudadanos a tomar una decisión urgente acerca del rumbo político que España ha de seguir en un futuro inmediato. El resultado de las elecciones del día 22 ha sido la respuesta de una gran mayoría de españoles "sufridores y también indignados", no solo por ellos mismos sino incluso para las generaciones venideras.

Cada comunidad autonómica y cada ciudad vive esta realidad desde su personal situación, pero con el común denominador de una crisis social y económica que envuelve a todos los españoles por igual, por un Gobierno que no ha parado de hacer las cosas tarde y mal.

A pesar de todo, y gracias a su propio sacrificio y esfuerzo, nuestra comunidad y nuestra capital se encuentran en una situación más favorable que el resto de España. Como bien recuerda nuestro Alcalde: cuando la crisis apuntó, no solo no la negamos sino que además convocamos a los agentes sociales para combatirla mediante un Acuerdo por el Empleo. Esa voluntad de diálogo, unida en el caso de Madrid capital a una inversión en la ciudad destinada a infraestructuras productivas -realizada en el momento en que aún era posible-, ha dado resultados tangibles. Hoy, la tasa de paro de Madrid es casi siete puntos y medio inferior a la nacional. Eso significa que hay 123.000 personas que ahora carecerían de empleo si la ciudad hubiese seguido las mismas políticas que ha aplicado el Gobierno en España, pero que lo conservan porque el Ayuntamiento de Madrid está gobernado por el Partido Popular.

Estos datos no son el resultado de una casualidad o de una providencia, sino que obedecen a una política seria, austera y sensata con el momento que vivimos: prudente en lo económico y exigente en lo social, pero siempre implacable y ambiciosa en el crecimiento productivo de la ciudad, pensando primero en el bienestar de los madrileños y en segundo lugar en aquellos que bien por trabajo o bien por ocio nos visitan de forma regular. Esta política ha tenido su resultado situando a Madrid en el quinto centro mundial de influencia y el tercero de Europa, después de Londres, París, Nueva York y Hong Kong, al tiempo que ocupa idéntica posición en cuanto habitabilidad. Todo esto se traduce en lo que más nos importa: mayores oportunidades de empleo y de bienestar para los ciudadanos de Madrid. ¿Dónde estaría ahora nuestra capital de haber seguido las mismas políticas que Zapatero ha aplicado a nivel general en España...?

Pero una consecuencia más del zapaterismo ha sido el famoso movimiento del 15M, que sin entrar a defender o a criticar, está claramente divido en dos grupos, los dos muy nobles y respetables, pero sí muy diferentes: primero, aquellos que empezaron manifestándose en la Puerta del Sol y a quién nadie tomó en serio hasta que empezaron por miles a levantar las manos y a tomar las plazas de media España. Si entonces nuestro gobierno no entendió nada, hoy sigue sin percatarse de que lo que está en marcha es un posible movimiento regeneracionista que no sólo ha desenmascarado la gigantesca mentira en la que la crisis nos había instalado, sino que ha dado voz a una ciudadanía que, al fin, encuentra un cauce para decir basta. Pero igual de verdad es que la pureza de este primer grupo duró solo una semana, el tiempo que tardaron en tomarlo otros grupos extremistas para desvirtuar e invalidar la esencia de lo conseguido durante los primeros días, y que lleva ya más de un mes y medio instalado en nuestras plazas. Casualmente las últimas protestas nacen con tintes izquierdistas y con una cobertura mediática imposible de comparar con otras movilizaciones, como por ejemplo la ofrecida a favor de la familia -con una participación abrumadoramente superior a cualquiera de los actos de los indignados-, ni la conseguida por las convocadas contra las negociaciones con ETA -infinitamente superiores en número de manifestantes-. Este primer grupo le podemos calcular, si hacemos caso de las movilizaciones de este último domingo, entre 30, 40 ó 50.000 personas, pero no más.

Pero hay otro grupo mucho más importante, de millones de personas, igual o más indignados que los primeros, que no se pueden permitir el lujo de abandonar sus casas, trabajos o negocios para irse a vivir a una plaza de cualquier ciudad, y que tienen que soportar en muchos casos las consecuencias de los primeros, que han mostrado su indignación y su malestar llevando la papeleta a las urnas y votando el 22M, que es, hoy por hoy, la forma más democrática de protestar contra aquello en lo que no crees y con lo que no estás de acuerdo. Y este grupo es el que realmente ha provocado un cambio radical en el mapa político español, en el que el PSOE ha perdido a excepción de Andalucía donde no ha habido elecciones y el País Vasco que gobiernan con el apoyo de PP, la regencia de todas las comunidades.

A estos segundos indignados les mueve una fuerza poderosa, que no es otra que la de saber que llevan razón, y han pregonado con su voto que es una vergŁenza que quienes han causado esta bancarrota global se permitan dictar sacrificios a los demás. La sociedad, hasta ahora adormecida, se ha desperezado y asiente con su asistencia a las urnas por un cambio radical en la política del Gobierno. Y con su voto están pidiendo "basta ya" a una situación de estancamiento económico que no deja de producir paro y cierre de empresas, y con un estado anímico de los españoles ingratamente lastrado por la falta de confianza.

La conclusión solo es una: que Zapatero ya no depende de sí mismo y debe convocar elecciones generales de inmediato. Esta es la opinión generalizada de un país que está desesperado por la situación que vivimos, que ha pedido "no a gritos" pero sí con su voto un cambio radical en la política actual. Son decenas las voces que piden y argumentan todos los días, en los diferentes medios de comunicación, un adelanto electoral. Las urnas del 22M han cambiado el color político y España requiere ahora de un presidente legítimo.


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