Editorial de la Presidenta del PP Fuencarral El Pardo
Elena González Moñux

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22 de abril de 2010


La Transición democrática española se fundamentó en dos pilares esenciales: la reconciliación entre españoles aceptando la más amplia de las amnistías de nuestra historia, gracias al buen hacer y mejor voluntad de los diferentes y distantes partidos políticos, y al reparto territorial del poder mediante un Estado autonómico que reconocía a las diferentes regiones y nacionalidades, aseguraba la unidad de España y consentía la soberanía en el conjunto del pueblo español.

Pero ahora, treinta años después, la izquierda española, con el visto bueno y el apoyo del Gobierno Zapatero, ha decidido embarcarse en una operación destinada a revisar aquella transición y provocar la llamada "ruptura" entre españoles. Volver España del revés, para reescribir su Historia. Empujarla un poco más hacia la opresión, tiranía y el odio que representó el año 36. Y adiós a aquella "reconciliación nacional" que tanto pregonó el PCE en los setenta y a la ley de amnistía del año 1976.

El PSOE se agarra a un clavo ardiendo con tal de que no se hable de los verdaderos problemas que acucian a nuestra sociedad. Y en estos momentos, se está utilizando el caso Garzón como banderín de enganche para movilizar a su electorado, en buena parte dormido cuando no en franca deserción. Sin nada que ofrecer en lo que a mejora del nivel social y económico de los españoles se refiere, Zapatero cree haber encontrado en el caso del incongruente y sectario juez los ingredientes ideológicos necesarios para movilizar a la izquierda más rancia sobre la base de apelar al miedo a los fachas y otros fantasmas de idéntica finura intelectual, imposibles, por lo demás, de colar hoy entre personas con un mínimo nivel cultural. Los supuestos fachas son un puñado de falangistas para quienes la doctrina del fundador tiene hoy día la misma validez que para los comunistas las doctrinas de Marx y Lenin. Ocurre que tanto falangistas como comunistas cuentan con derecho bastante para presentar querella contra un juez si lo estiman oportuno, porque el principio de legitimación para pleitear no depende de la ideología del enunciante, sino de las posibilidades jurídicas que tengan en un Estado de Derecho como el nuestro.

Pero no es eso y no nos engañemos. No se trata de que el Tribunal Supremo pueda o no condenar a Garzón. Garzón es solo una excusa para intentar meter miedo en el cuerpo de miles de españoles y evitar que el centro derecha democrático, representado hoy por el Partido Popular, pueda ganar unas elecciones. Hay que evitar a toda costa, y para la izquierda "el fin siempre justifica los medios", que los populares vuelvan al poder. ésta es la única verdad de todo lo que está sucediendo en nuestro país. Todo lo demás es hacer ruido y desviar la atención. Como la Romería a la Puerta del Sol de los alcaldes socialistas de municipios del sur. Una de tantas a las que no tiene acostumbrados los socialistas. No tienen otra cosa en la que trabajar, y hacer perder tiempo y dinero a todos los madrileños, que en montar esta farsa, cuando su propio Gobierno central va a batir records de parados y de índices negativos en una economía que ya no puede aguantar más. Eso sí, a todos los caminantes les une la peculiaridad de que han sido acusados por un rosario de delitos. Fuenlabrada, Alcorcón, Aranjuez, Parla, Getafe, Pinto y Leganés, el llamado "cinturón rojo" ha quedado desdibujado por el goteo continuo de demandas, siendo el caso más trascendente y relevante el de Getafe, donde su edil, Pedro Castro, uno de los más influyentes de el PSM, "alcalde de los alcaldes" y anfitrión de la marcha, cuenta con varias causas en los tribunales como la que le investiga por cohecho, prevaricación y falsedad documental en las permutas realizadas para la construcción del campo de Golf de Perales del Río.

La mayoría del pueblo español siente vergŁenza ajena de las sandeces que se han escuchado para apoyar al juez Garzón. Todos nos preguntamos por esos que vociferan, y se les llena la boca con las palabras democracia y libertad, y faltan al Supremo, le insultan, y ponen en entredicho nuestra Constitución y el Estado de Derecho. Tendríamos que preguntarle a nuestro compañero de Fuencarral-el Pardo, Zerolo, para quien el distrito parece que le viene pequeño, qué piensa de que el Fiscal General le haya tenido que llamar la atención junto a los otros asistentes al acto de la Universidad Complutense, por su comportamiento fanático y antidemocrático. Algunos, los más moderados, han llegado a calificarlo como un acto nostálgico de los años jóvenes, cuando se manifestaban en la universidad contra el poder existente. Lo que pasa es que, treinta años más tarde, ni son tan jóvenes, ni hay grises, y el poder instaurado da la casualidad de que son ellos mismos. Poder, por otra parte, que está arruinando el país.

Zerolo, Villarejo, Gaspar Zarrías, Pedro Castro y demás figuras, han sido partícipes de un acto considerado como "un insulto a la inteligencia democrática", según la Asociación de Fiscales. Jamás se había visto en España una ofensiva contra el poder Judicial como la que estamos asistiendo. Jamás nadie se había atrevido a asimilar a los jueces del Supremo a los torturadores franquistas -por cierto, los mismos torturadores a los que perteneció el señor Villarejo desde el año 1962-. Y, como denunció el diario "el Mundo", las asociaciones por la memoria histórica que han participado en las movilizaciones han recibido más de cuatro millones de euros en subvenciones del Gobierno. Hay que insistir que lo que empezó siendo una campaña de intoxicación para engañar a la opinión pública se ha convertido en un chantaje al poder judicial, con el respaldo del Gobierno, de los sindicatos y de poderosos grupos mediáticos. Y todo ello para salvar al Juez Garzón, un juez que ha utilizado la Justicia para alimentar su inmenso ego, lucrarse desmedidamente, intentar hacer carrera política y satisfacer sus resentimientos personales.

Y no nos olvidemos de los "Coros y Danzas" de Zapatero, también presentes en el mitin de la Complutense. Impagable para este Gobierno la labor de unos sindicatos que, financiados con dinero público, se emplean ahora con ahínco en la tarea de servir de meras cortinas de humo tras las que ocultar la penosa situación de un país que, si en lo económico va camino de los 5 millones de parados, en lo político tiene difícil arreglo, tras decisiones tan genuinamente zapateriles como el Estatuto de Cataluña o la memoria histórica. Razón tienen quienes sostienen que España tardará mucho tiempo en pagar la factura Zapateo, "el iluminado" que nos ha caído en suerte. Porque estas son las dos caras de "la moneda Garzón": cerrar el paso del PP a Moncloa y enmascarar la grave crisis política y económica que vivimos.

Elena González Moñux
Presidenta PP Fuencarral-El Pardo

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