Javier Torres
Afiliado del PP de Fuencarral - El Pardo
11 de abril de 2011

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Hace muy pocos días que hemos sufrido todos el embate de la huelga general que, cual arma arrojadiza, han abalanzado sobre nosotros los sindicatos mayoritarios de nuestro país.

Parece claro el "andamiaje" de conflictividad social que están dispuestos a montar si no se cede ante sus presiones.

Se quieren atribuir, en exclusiva, el derecho a la defensa de los intereses de los trabajadores, contra las agresiones del PP, la derecha "malvada" (cuando ya es históricamente evidente que la política más social, desde la restauración de la democracia, la llevaron a cabo los gobiernos de José María Aznar, asegurando, entre otras cosas, rentas a los diferentes estratos de la sociedad, por ejemplo a los pensionistas), cuando han sido responsables de auténticos atropellos contra los trabajadores, a los que dicen defender estrechamente. Ya no es sólo su inacción frente a los desmanes de Zapatero y su lúgubre "septenio negro", consiguiendo que la economía se degradara hasta el nivel de paro inasumible al que llegamos al final de la pasada legislatura, tampoco es la inacción ante la degradación económica e institucional que se perpetró y que está motivando que todavía nos hallemos ocupados en "frenar la caída". Los sindicatos, está suficientemente estudiado en sociología económica, entre otras disciplinas, se mueven por la única lógica de maximizar su papel de interlocutores imprescindibles a nivel social, ya no solo para el ámbito de lo laboral, sino para esferas que se salen de su terreno natural de actuación. También les motiva la generación de recursos económicos para retroalimentar esa capacidad de intrusión, de forma que esta vaya creciendo año a año. No es otra la explicación que justifica su comportamiento en muchos de los ámbitos en los que participan (ERE´s, programas de formación, etc.).

Lo triste para ellos es que van dejando muchos testigos incómodos de sus desmanes. Es cierto, se da la paradoja de que es esa misma clase trabajadora a la que dicen defender estrechamente, la que se ve atropellada, a veces de la forma más artera. Los que tuvimos la ocurrencia de vincularnos, sin ser afiliados, en plena juventud, a una cooperativa de viviendas promovida por sindicatos, pues con nuestras exiguas rentas de aquellas épocas no teníamos opción de otra cosa, sabemos de la crueldad de los sindicatos para con sus "compañeros" jóvenes asalariados. Ya es de sobra conocida la "mega-estafa" de la PSV (brazo de UGT), pero no son tan socialmente explícitas las cometidas por VITRA, la cooperativa de Comisiones Obreras.

En nuestro caso, y me consta que era el proceder habitual, nos engañaron en diferentes aspectos, algunos muy graves: Escriturar por debajo de lo realmente pagado, graves defectos en las zonas comunes, graves defectos en viviendas, defectos en elementos estructurales (coqueras impresentables en pilares), diferentes elementos que no cumplen las especificaciones de la normativa de aplicación (espesores de recubrimientos aislantes, etc.).

La verdad es que, después de intentar llegar a un acuerdo amistoso con ellos, nos dieron absolutamente la espalda y solo reaccionaron cuando llamamos a Telemadrid para que hiciese un reportaje. Aún así nos amenazaron y nos engañaron de nuevo, fomentaron las disensiones y las traiciones entre los vecinos, amén de otras lindezas de un jaez similar. Estos, como digo, son los "compañeros" de Comisiones obreras, los defensores de los trabajadores.

Ante esta clase de organizaciones sindicales solo cabe ser preclaro y ver, nítidamente, dónde está el horizonte.

El gobierno no puede caer, bajo ningún concepto en ceder ante estos "cantos de sirena" que nos conducirán a encallar en las rocas. Lo ortodoxo, técnicamente hablando, es profundizar en las reformas, en todos los ámbitos estratégicos, para hacer que la parte amarga del trago pase lo antes posible y que en 2013 pueda constatarse ya crecimiento económico.

Si el gobierno cediese a las presiones de la izquierda acabaríamos cayendo en un escenario de intervención plena, lo que traería (miremos Grecia, Portugal e Irlanda) ajustes más intensos y obligados por el entorno de la UE. Ya no habría el margen de discrecionalidad del que disponemos hoy. Si no aceptásemos la intervención, la única alternativa sería la expulsión del euro, lo cual traería una drástica depreciación de nuestra divisa, es decir, una devaluación, una bajada de rentas forzosa y "de facto".

España puede tener un futuro realmente interesante o bastante borrascoso, según sepamos tomar medidas en este momento. Hay que tener ánimo, tenemos elementos más positivos que otras naciones, siempre que sepamos enterrar nuestros grandes males.

Ánimo, pues, no hay alternativa. Hay que seguir por esta senda, afinando para que el trago sea lo menos amargo posible y dure lo menos que se pueda, pero hay que andar el camino.

A propósito, para nuestros amigos sindicalistas y radicales de izquierda, ¿saben cuál va a ser una de las principales consecuencias de las algaradas callejeras de Barcelona del día 29?, pues que Euro Vegas tendrá un argumento de peso más para elegir Madrid. La diferencia de los ambientes que se vivieron el 29 de Marzo es absolutamente evidente y hay muchos ojos que, por diferentes motivos, están puestos hoy en España. Lo siento, han perdido una importante oportunidad. Perdiendo es como mejor se aprende.


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