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Elena González Moñux
Presidenta del PP de Fuencarral - El Pardo
10 de septiembre de 2011



Nuestro país está sufriendo la crisis más grave de su historia más reciente.

España afronta en estos meses una situación económica y social que son críticas. Nos encontramos ahora mismo a la cabeza del desconcierto financiero europeo y en el peor momento económico de subsistencia de las comunidades autónomas.

En el ámbito social, la situación resulta inquietante. No solo porque la tasa de desempleo supera el 20 por ciento, y la de los jóvenes está cerca del 45 por ciento -que ya de por sí todo esto es una barbaridad- sino porque la paz social, de la que hemos podido disfrutar en las últimas décadas, en cualquier ámbito de nuestra sociedad, se ha roto por completo.

¿Qué es lo que ha pasado con España? ¿Cómo es posible que en solo unos años se haya pasado casi del milagro económico de Europa a convertirse en un gran drama económico? ¿Qué le ha sucedido a nuestra economía que hace solo unos años crecía por encima del 3 por ciento anual, incluso por encima de Alemania, Francia o Italia? En la actualidad, y a pesar de la crisis mundial que nos sigue acuciando, España es la única economía con crecimiento negativo entre las cinco potencias del continente europeo.

¿Qué es lo que ha pasado con España en estos años, en los que la mitad del país no se puede mirar ni ver con la otra mitad? Da lo mismo el ámbito en que nos fijemos: política autonómica, extracto social, descendientes de republicanos y de nacionales, creyentes y laicos, trabajadores públicos y privados... Al final solo vamos a encontrar rencor, envidia, antipatía, resentimiento. Todo aquello que ya habíamos aprendido a superar y a olvidar con la convivencia y la paz social, que al final es lo que ayuda a un país a intentar ser feliz y estar unidos, para superar momentos como el que España está viviendo en estos momentos.

Todas estas preguntas me causan una gran tristeza y una honda preocupación por el presente y por el futuro de mi país y el de nuestros hijos. Hace ocho años, España creaba seis de cada diez nuevos puestos en la zona euro, las cuentas del Gobierno registraban superávit, su reserva de deuda pública decrecía rápidamente y sus empresas se extendían por toda Europa, Latinoamérica y Estados Unidos.

La respuesta a todas estas preguntas es clara: el país está sufriendo la crisis política más grave de su democracia. Las amarguras económicas, la falta de confianza en España, el enfrentamiento social y lo que es más importante la falta de ánimo de todos los españoles son fruto del déficit de credibilidad del Gobierno y de la paranoia de su Presidente. El elevado precio que está pagando ahora el pueblo español es lo que ocurre cuando los políticos se niegan a reconocer sus errores e insisten en políticas económicas y sociales sin pensar en el ciudadano de a pie, en el pequeño empresario o simplemente en que puede ser lo mejor para la coexistencia social de nuestro país.

El origen de la crisis de España se remonta a 2004, cuando se tomó la decisión de abandonar el proceso de modernización que en todos sus aspectos había iniciado nuestro país hacía más de 30 años. En aquel entonces, los españoles decidieron por consenso que consolidarían su democracia, convivencia social e instituciones tras casi 40 años de dictadura. El siguiente paso fue entrar en la Unión Europea y más tarde en el euro, para igualarse económica y socialmente con las naciones más prósperas de Europa. Pero en 2004, el recién elegido Gobierno de España decidió cambiar de rumbo. Rechazó por completo el acuerdo plasmado en la Constitución de 1978 y rompió la estructura del Estado español. Consiguió enfrentar a unas regiones con otras, a los sindicatos con las empresas, a los obreros con los empresarios, desde las primeras elecciones municipales del nuevo Gobierno las empresas constructoras eran todas unas depredadoras de la naturaleza sin reconocer el empleo que estaban ofreciendo. La consecuencia ha sido eliminar buena parte de lo que nos une como españoles y convertir a España, a día de hoy, en un país difícil de liderar y gobernado por la Unión Europea.

El lugar que ocupa actualmente España en el escenario internacional es cero y refleja su pérdida total de notabilidad en el mundo. El Gobierno se ha preocupado más de la absurda memoria histórica y de la relegada alianza de civilizaciones, que atender sus responsabilidades y defender los intereses nacionales en el extranjero.

De acuerdo que tal y como están las cosas muchos se muestran incrédulos y desconfiados con que esto lo pueda arreglar un nuevo Gobierno, pero lo que sí está claro es que ahora mismo tenemos un Presidente que no ejerce como tal y que se mueve por la inercia de los acontecimientos. Que ha dejado en manos de los alemanes y franceses la dirección de nuestra política económica. Que como nuevo candidato presenta a un político que intenta convencer a los españoles de las bondades de un programa electoral para salir de la crisis en seis meses, cuando él en ocho años, como miembro principal del Ejecutivo, no ha sido capaz de presentar ni una sola idea realizable. ¿Lo que no ha conseguido en dos legislaturas lo va a conseguir en seis meses?.

Solo un nuevo Gobierno puede recuperar la credibilidad y la moral de los españoles. Y animar al pueblo español a emprender un nuevo proyecto nacional de recuperación, regeneración y reforma del país. Con este nuevo proyecto se puede recobrar la confianza internacional y, lo que es más importante, intentar recuperar la iniciativa y la autoestima perdida en estos ocho últimos años.


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